domingo, 12 de junio de 2011

Entre dos tierras

Llovia. Vaya si llovia. No quedaba sino ser participes ausentes del momento. Mirando desde adentro como voyeristas a los otros, que, fuera, se dejaban mojar. Y eran felices. La lluvia los mojaba y las pequeñas cañadas en el suelo arrastraban todo lo que alguna vez, los alejo de la felicidad. Por lo menos por un rato eran felices, y nosotros mirando, con la culpa impregnada.
Al final dependía solo de nosotros estar ahí, al margen. El que no conoce la lluvia le da miedo mojarse. La bestia asecha afuera, adentro se esta seguro.
Se mojan los mentirosos, se mojan los enamorados, y los que nos vieron caer a nosotros, se mojan. Se mojaban y se reian.  Rabia, impotencia, la furia desatada en una tormenta de arena que arrasa con todo desde dentro y no te deja mover
Pensar en nada, mirar para fuera, a ver si alguien nos deja salir.