La rockola

miércoles, 2 de mayo de 2012

Reversible


¿Que se podría decir de el? Un hombre feliz, de sonrisa fácil. No había sola vez en que se lo viese preocupado, molesto o estresado. Sobresalía del resto, se notaba su presencia en cualquier lugar, mirando siempre adelante, sacándole pecho a la vida y dejando a su paso, un perfume que olia a colores.

Tenia un reloj, que consultaba bastante seguido. Tenia una manecilla sola, y un pequeño cuadro con un número. Contaba las horas, desde su nacimiento. Una tenue campanita indicaba cada vuelta de reloj. Y con un leve movimiento, consultaba el tiempo, una más, decía, y renovaba la sonrisa que vestía su rostro, respiraba aliviado, y seguía con su día.

Recibió un día una cita urgente, una dirección marcada en una tarjeta era toda la información disponible. Lo meditó unos minutos y se decidió a ir. Al llegar a la dirección indicada, una puerta blanca tenia un cartel con su nombre, y le pedía que por favor pasara. Al entrar, encontró un decorado gris, un ambiente sombrío y un piso frió, que alojaban a un espejo. Al mirarse en el, encontró a un hombre pálido y funesto, que lo miraba con unos ojos que creyó, por un segundo, eran suyos. Pensó en como seria la vida de ese hombre, sereno, tranquilo, solo con sus pensamientos, sin tener la presión de ser el alma de todo lugar al que fuese. Lo envidió. Esbozo una sonrisa, pero aquellos ojos le devolvieron una mueca de tristeza. El reloj dio una vuelta en reverso, pero el nunca se entero. Se vio a si mismo hundido  en la oscuridad de aquel cuarto, todo culpa de aquellos ojos. Odió a aquel hombre, se dio media vuelta y se fue.

-o-

¿Que se podría decir de el? Un tipo amargado, estresado. Le costaba ver la mitad llena del vaso. Tenia la cara cansada, la mirada caída y el caminar encorvado. Era casi intrasendente, su presencia solía no ser del todo recordada. Su voz, árida, seca, sembraba sed en los escuchas, que solían no ser muchos.

Tenia un reloj, que consultaba bastante seguido. Tenia una manecilla sola, y un pequeño cuadro con un número. Contaba las horas, para su fallecimiento. Una tenue campanita indicaba cada vuelta de reloj. Y con un leve movimiento, consultaba el tiempo, una menos, decía, bajaba la mirada, y seguía con su día.

Recibió un día una cita urgente, una dirección marcada en una tarjeta era toda la información disponible. Lo meditó unos minutos y se decidió a ir. Al llegar a la dirección indicada, una puerta blanca tenia un cartel con su nombre, y le pedía que por favor pasara. Al entrar, encontró un decorado colorido, un ambiente vivido y alegre y un piso de lo que parecía ser pasto, que alojaban a un espejo. Al mirarse en el, encontró a un hombre bronceado y alegre, que lo miraba con unos ojos que creyó, por un segundo, eran suyos. Pensó en como seria la vida de ese hombre, algarabía por todos lados, celebraciones, saludos por la calle, sin la presión de los peligros que rondan el día. Lo envidió. Esbozo una sonrisa, pero aquellos ojos le devolvieron una carcajada. El reloj, dio una vuelta en reverso, pero el nunca se enteró. Se vio a si mismo hundido en la vivacidad de aquel cuarto, todo culpa de aquellos ojos. Odió a aquel hombre, se dio media vuelta y se fue.

viernes, 20 de abril de 2012

Gestación


-Me asignaron tu caso, los de luminosidad- comenzó diciendo. Ella seguía ahí, parada, atónita ante la presencia de semejante ser. Era flaco, alto, blanco. Tenia sobre la cabeza un extraño brillo, producido por la lampara que levitaba detrás de su cabeza. Vestía los arapos mas hermosos que alguien puede desear, y su voz tenue y pausada, daba la sensación de bienestar.
Es un proceso bastante siempre - prosiguió - y muy usado estos días. A alguien en la central le interesa que vos pienses diferente del resto, entonces manda a uno de nosotros, a corregirte. Básicamente te sigo a todos lados, hablándote al oído. Te voy a decir lo que esta bien y lo que esta mal, hasta que aprendas a hacerlo por tus propios medios.

Hizo silencio, mordió una manzana y tomo asiento, no tenia mas nada que decir por el momento.
- Y si no aprendo? - pregunto la muchacha, sin subir la mirada fija en su vientre, donde sus dedos se escondían entre si buscando canalizar el shock del momento.
- Lo vas a hacer, así esta estipulado, así esta escrito, pero de eso no te puedo decir mas nada.-
Se produjo un silencio solo interrumpido por el masticar de la manzana.
-En ese caso, creo que no tengo alternativa- dijo la muchacha guardando sus dedos con sus respectivas manos en los bolsillos. Se paro, y se acerco al hacedor para que le instalara la bombilla flotante. Cuando hubo terminado, no sintió mas que un leve tirón en el pelo, que con el tiempo se le haría habitual. El ente por su parte, termino de un bocado lo que le restaba de manzana y se puso a trabajar.

Por los siguientes días, la acompaño a todos lados, en silencio. Solamente la veía actuar. Anotaba en una libreta, pequeñas titilaciones que la bombilla tenia de cuando en cuando, y algunas notas puntuales sobre la personalidad de la muchacha. Ella, por su parte, se sentía potenciada. Se sentía poderosa, capaz de todo, fuerte, confiada. Empezó a seguir sus emociones como no había hecho antes.
Al poco tiempo, el hacedor comenzó a comprender como pensaba la muchacha, al punto de que preveia sus pensamientos, y entonces, empezó a darle las indicaciones pertinentes. "no, eso es egoísmo", "arriba, no seas vaga", "cuidado, te estas dejando llevar" entre otras advertencias y ordenes,  que la muchacha siguió al pie de la letra.

Las ordenes fueron aumentando, en rigor e intensidad, hasta cierto punto, en el que comenzaron a decaer, y decaer, hasta ser casi inexistentes.
- Ya esta? ya brilla continuamente? - pregunto la mujer que, claro, no podía ver su propia lampara.
- Si, ya esta. Ya sos una portadora de la luz- le contesto sonriente el hacedor.
Se hizo el silencio.
- Por alguna razón lo sabia. Me siento completamente diferente. Me siento enérgica, positiva, fuerte, pero...no soy yo. Me quitaste lo que tenia de especial para transformarlo en una copia de tus ideas. Soy una portadora de luz, no soy mas la persona que era. De que me sirve este brillo si me convierte en esclava?

El hacedor sonrió.

Recién en ese momento, la luz se prendió, fuerte e incandescente, y en su libreta pudo anotar "Aprobada". El abrió sus alas, y comenzo a asender en el aire.

Ella esbozo una sonrisa casi mueca, mirándolo a la cara y le dijo
- La puta que te parió.

miércoles, 28 de marzo de 2012

"Los libros fantasticos..." (corto)


Muy bueno, les recomiendo que lo vean. Abrazo a todos, me voy a leer. Que sus vidas nunca carezcan de color.