lunes, 31 de octubre de 2011

Especial de Halloween


Era con motivo de disfraces, la noche, pero poca gente se iba a disfrazar, seguramente. Entre comentarios livianos y una serenidad extraña para la ocasión y delirando gracias como la idea de ir los tres abrazados, batiendo los brazos como alas al estilo del diablo de Dante, fue llegando la hora. Antagónicamente, sin tomar nada. No esperaba sino una velada sin sobresaltos, como de costumbre, sin mucho vértigo para evitar locuras, pero no. Verla, sin dudas, era la gran diferencia con tantas otras noches. Cruzaron los tres el pequeño limbo que utilitariamente decoraba la entrada,  y apenas cruzarlo, comenzó a crecer lentamente en él un sentimiento extraño,  en el pecho, que se propagaría por todo su cuerpo a través de las venas. Un néctar marrón claro, de dudoso contenido avivaba el fuego. Poco a poco se fue dejando llevar por los colores, los ritmos,  el ruido, todo.
Entre la gente apareció, aquella. Con una picara sonrisa y una mirada cómplice dejaba entrever que traía también alguna copa de mas. Poco le importó a él, que solo quería verla una vez más. Ya la sangre corría carreras dentro suyo, los colores bailaban, le brotaban sonrisas. Bailaba de aquí para alla, sin perderla de vista. Alguien le hablaba, pero asentía con la cabeza y volvía a lo suyo. No se olvido de abrazarla como si no hubiese mañana, como si al soltarla se fuese a desvanecer y la realidad volviera a ser ilusión, no, esta vez no. Algunos flashes, algunas risas, y allí estaban los dos compinches de al principio, prontos para irse, también habían tenido lo suyo.
Nunca el tiempo voló como esa noche, nunca se sintió tan bien, siendo tan distinto de si, nunca estuvo tan hermosa,  una noche entre tantas otras, tan distinta, tan extraña, parecía como si hubiese sido obra de brujas.