jueves, 13 de octubre de 2011

En casa


Siempre encontré problemas para definir ese sentimiento de estar  “en casa”. Por algún motivo u otro en mi vida me mudé más de 10 veces, y eso que todavía no llego a los 20. No me dio el tiempo de echar raíces en algún lado, de sentirlo propio, de conocer cada detalle al punto de poder recrearlo de forma casi perfecta en una tarde melancólica. Llegó el punto en el que cambié de ciudad, y perdí por completo mi vínculo con la ciudad que me vio crecer. Al principio me emocionaba la idea de al fin estar en una ciudad “grande” y con ganas de empezar devuelta, y poder acostumbrarme a la vida capitalina. Poco a poco, cuando más seguro me creía, cuando realmente veía que tenía asimilada esta nueva casa en la que me encontraba, comenzó a suceder  algo extraño. A la misma vez que asimilaba y aceptaba mi nueva vida, añoraba y extrañaba mi vida anterior, mi ciudad anterior. Y más allá de que nunca tenga en aquella ciudad un punto exacto, geográfico en el cual este en mi casa, creo que el entorno en si fue el que me cautivo, sin saberlo, al punto de que, creo yo, puedo llamarlo mi hogar.