viernes, 27 de enero de 2012

Vinténes


El sol del mediodía estaba pegando fuerte, en el balneario. Entro en el almacén una mujer, joven, flaca, alta, encorvada. Tenia el pelo como una escoba, ojeras de sueño y una extraña mirada, profunda, que desentonaba con el resto de su imagen. No dijo nada y se dedico a mirar las bebidas de la heladera, ante la atenta mirada del joven que atendía el mercadito. Saco de su arapienta camisa un puñado de monedas, que contó reiteradas veces. Busco entre los casi descocidos bolsillos del pantalón hasta encontrar un par mas, que añadió al monton inicial.  Saco una botella, bien fría. Giro para dirigirse a la caja y se encontró que desde la caja el muchacho la miraba casi que con cariño. Sintiéndose descubierto, se ruborizo y esbozo una sonrisa que ella correspondió. Apoyo la botella en el mostrador y dejo todas las monedas a su lado. El, con una mirada de complicidad, separo un par de monedas del monton, y le sonrió otra vez
Me estas cobrando mal – le dijo, esta vez sin corresponder a la sonrisa
No, no, asi esta bien – contesto el almacenero, insistente.
Ella se incorporo, frunció el ceño y olvidando la amabilidad contesto tajantemente:
No, me estas cobrando mal.
Y agarrando la botella, se fue dejando a  todas las monedas y a una mirada extrañada, perdidas en silencio de la tarde calurosa