miércoles, 28 de septiembre de 2011

Cerrado por balance


Ser feliz. Qué cosa que parece tan de frase armada cuando salta en una conversación. Como si fuera algo a lo que todos ciegamente accedemos por una convención social, por que otros ya lo han pensado antes y tiene sentido. Y lo es, y lo tiene. Pero conviene mucho darle un pienso antes de agarrar un rumbo fijo, o dejarse llevar por el carpe diem.
Cuando uno se da cuenta vagamente de lo que es en el mundo, de todo lo que le queda por recorrer, uno no sabe bien qué es lo que quiere, ni que sea lo que le hace bien. En un principio solía dejarme llevar mucho por las opiniones, por el que dirán, y cuando me creía tan cerca, tan igual a todos, resbalaba, como queriendo, y algo me decía que no, que por ahí no iba. Elegí entonces entre otros caminos, que quizá no sean tan independientes, y sean mezclas de otros que supe ver y admirar, pero poco a poco fui transitando por lugares que me gustaban, y me empecé a sentir diferente, me empecé a sentir yo mismo. Más de una vez me sentí desorientado, perdido, y resignado a regresar, pero de repente alguien me demostró que vivir así es la mejor forma de vivir y recién entonces, comencé a ver, tenue y borroso, lo que significa para mí ser feliz.
No por eso deje de ser un pendejo de 18 años sin claridad en su futuro, pero tengo la certeza de ir por un camino que será, o no, el indicado, pero me gusta, me siento igual, diferente, y a gusto, y la felicidad, esta al caer