Recuerdo que había un camino, allá, por aquellos tiempos.
Solo con verlo me venían ganas de viajar, de dejar todo atrás, de despegar, de
sentir esa adrenalina de seguir un par de sueños tontos que tendría a esos 16
años, y ser un punto mas en el horizonte. Y se dio que salí del nido, capaz que
no de la forma esperada, pero era algo. Y ese camino fue mi vida, mi guía y
hasta mi compañero. Pero no era todo como parecía de afuera, el camino resulto,
con el paso del tiempo, ser sinuoso, oscuro por momentos, y sobretodo
solitario. Pese a todo seguí, con la frente en alto, confiado en lo que quería y
en lo que pensaba de mi vida. Y terminando el maravilloso camino, me encontré volviendo
por las mismas curvas, por las mismas postales, por las mismas huellas, por las
que alguna vez salí.
No quiero saber si fue el peor error, o el mejor acierto de
mi vida. Tanto perdí, pero tanto aprendí…
habría que juntar dos canciones:
ResponderEliminarcaminante no hay camino...
y
no te olvides del pago...
abrazo
f
Es increíble cuando empezamos a ver las mismas cosas cayendo en la cuenta de que regresamos sin querer.
ResponderEliminarYo también regresé, pero nunca tuve muy claro sin en realidad me fui.
Abrazote, Javi.
Hacía un montón que no te leía.
Realmente me pareció un relato sentido y nostalgico, me hiciste recordar los caminos propios.
ResponderEliminarAbrazo
Los sueños no son tontos, nunca, nunca. Aunque hayan sido sueños, no son tontos
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